La piel no es solo una “capa externa”: es un órgano vivo, con circulación, terminaciones nerviosas, tejido conectivo y
capacidad de reparación. La fisioterapia dermatofuncional nace precisamente de esta idea: entender la piel y
el tejido subcutáneo como estructuras que se pueden valorar, tratar y mejorar desde la fisioterapia, igual que hacemos con
músculos o articulaciones.
Factores como los cambios de peso, el embarazo, el paso del tiempo, el sedentarismo o algunas enfermedades pueden
alterar la calidad de la piel: aparece flacidez, celulitis, pérdida de firmeza, estrías o
una sensación de “tejido cansado”. La fisioterapia dermatofuncional reúne diferentes técnicas para ayudar a recuperar
la función y el aspecto del tejido. Entre ellas, una de las que más evidencia y uso clínico tiene es la
diatermia por radiofrecuencia, especialmente a través de sistemas como INDIBA.
Cuando hablamos de diatermia en este contexto nos referimos al uso de corrientes de alta frecuencia para generar
un calor profundo y controlado en la zona que queremos tratar. INDIBA es una tecnología de radiofrecuencia que
trabaja a una frecuencia específica (448 kHz), estudiada por su capacidad para estimular el tejido sin dañarlo.
El objetivo no es “quemar” ni alterar de forma agresiva la piel, sino activar sus mecanismos naturales de regeneración:
mejorar la circulación, favorecer el metabolismo de las células, estimular la producción de colágeno y elastina y
reorganizar la matriz extracelular.
La diatermia con INDIBA utiliza corrientes de alta frecuencia para elevar de forma segura la temperatura de los
tejidos profundos. Ese calor interno:
Todo ello se realiza de forma gradual, ajustando la intensidad para que la sensación sea siempre cómoda y tolerable
para el paciente.
La radiofrecuencia de INDIBA no actúa solo sobre la superficie. Su efecto se concentra en las capas donde se
organiza el tejido conectivo y se produce buena parte del colágeno y la elastina.
El resultado, en muchos casos, es una piel que se percibe más firme, elástica y homogénea tras varias sesiones,
con cambios progresivos y acumulativos.
Antes de empezar, se realiza una valoración individual del paciente: zona a tratar, tipo de piel, antecedentes
médicos, objetivos (flacidez, celulitis, cicatrices, etc.). A partir de ahí, se diseña un protocolo adaptado.
No requiere anestesia, no deja marcas y el paciente puede realizar vida normal tras la sesión. En muchos casos se
recomienda combinar la diatermia con ejercicio, hábitos saludables, drenaje o trabajo manual para potenciar los resultados.
Aunque el mecanismo fisiológico de la diatermia es similar, los objetivos pueden variar según la región que se trate.
A continuación se resumen algunos de los usos más frecuentes en fisioterapia dermatofuncional.
La zona facial y cervical suele ser una de las primeras en mostrar signos de envejecimiento o pérdida de calidad.
La diatermia con INDIBA puede ayudar a:
No se trata de “congelar” la expresión, sino de mejorar las condiciones del tejido para que la piel funcione mejor.
En el abdomen y otras zonas corporales, la diatermia se emplea con frecuencia tras embarazos, cambios de peso
o procesos en los que se ha perdido tono cutáneo.
Siempre debe integrarse dentro de una estrategia global que incluya movimiento, alimentación y, si es necesario,
otras técnicas de fisioterapia o entrenamiento.
La celulitis tiene un componente vascular, linfático, hormonal y mecánico. No es solo “grasa”, por lo que requerirá
un abordaje múltiple. La diatermia puede aportar:
Los cambios suelen ser progresivos y requieren constancia, combinando el tratamiento con hábitos saludables.
La diatermia con INDIBA es una técnica no invasiva y, en general, bien tolerada. Aun así, como cualquier
tratamiento físico, es importante respetar ciertas contraindicaciones y realizar siempre una valoración previa.
La diatermia no está indicada en los siguientes casos:
Ante cualquier duda, es fundamental consultar con un profesional sanitario que valore la idoneidad del tratamiento en
cada situación concreta.
La diatermia con tecnologías como INDIBA se ha consolidado como una herramienta útil dentro de la
fisioterapia dermatofuncional. No pretende ofrecer resultados inmediatos o “mágicos”, sino estimular de forma
fisiológica la capacidad que ya tiene la piel para regenerarse, organizarse y adaptarse.
Trabajando desde las capas profundas, esta técnica ayuda a que la piel sea más firme, elástica y resistente, y a que
mejore su respuesta ante el paso del tiempo, los cambios corporales o determinadas cicatrices. Todo ello con un enfoque
respetuoso, progresivo y apoyado en el conocimiento del tejido.
*El colágeno es la proteína más abundante del cuerpo humano y proporciona estructura, firmeza y elasticidad.
La elastina es una proteína fibrosa que aporta elasticidad a tejidos como la piel, los pulmones y las arterias.